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martes, 31 de octubre de 2017

HARRY POTTER Y LA RED FLÚ.

Queridos lectores:
Ante las peticiones que he tenido por carta, email, o llamadas para que adelantara un avance del nuevo libro de Harry Potter que estoy escribiendo actualmente, que será el octavo; más o menos, y después de haber resumido exhaustivamente lo que llevo editado, esta nueva novela viene a narrar más o menos lo siguiente...
HARRY POTTER Y LA RED FLÚ.
Cuando Harry Potter terminó sus estudios en Hogwarts se graduó como auror; habiéndose casado con Ginevra (Ginny) Weasley, tuvieron tres hijos, a saber: Albus-Severus (en recuerdo de Dumbledore y Snape), James (en recuerdo de su padre) y Lily Luna (rememorando a su madre y a Luna Lavegood).
Ellos, están ya a punto de licenciarse en Hogwarts; y su padre, ya hace tiempo que dejó la auro-mancia para dedicarse a la enseñanza y a la dirección activa de la escuela de magia.
Empezando como profesor de artes oscuras, fue ascendiendo en el escalafón de la escuela hasta que consiguió, ayudado por otros profesores afines, ser director, llegando a sentarse en el despacho del mismísimo Albus Dumbledore.
Estuvo poco tiempo de director, y durante esa andadura aprendió a utilizar los polvos “flú” a la velocidad del rayo; llegó a hacer uso de ellos con una rapidez inusitada, sacándolos de  la bolsa que colgaba de su cinturón.
Esos polvos fueron inventados en el siglo XII por Ignatia Wildsmith, y tenían mucha aceptación entre todos los que una vez estudiaron en Hogwarts.
Harry, caminaba ya por los cincuenta y tantos años, y su llegada a la madurez no le había cambiado en demasía su presencia física; más mayor, eso sí, pero su aspecto no había cambiado tanto como el de su inseparable amigo Ron; ya estaba casi calvo, bastante más grueso, y con un ojo dañado por una picadura de araña, esas que tanto miedo le dan.
Quisieron, tras una  decisión de la dirección donde también estaba su amigo Weasley, separarse del Ministerio de Magia e iniciar una andadura en solitario como un CIH, (colegio independiente de Hogwarts).
El Ministerio de Magía entonces, envió  aurores y dementores al colegio para detener a Harry y a la junta directiva;  pero Harry, experto en la utilización de los polvos flú; se introdujo en la chimenea de su despacho, cuidadosamente cogió una pizca de polvos mágicos del "canut" y regándose con ellos,  pronunció fuerte el nombre de la ciudad donde  quería viajar; de pronto unos destellos brillantes  verdes y amarillos lo introdujeron en la red flú, y en una fracción de segundo, apareció en  una chimenea de Bruselas.
Esto fue solo un avance, espero que compréis el libro para saber el final de esta interesante nueva peripecia de Harry.
Atentamente...
J.M. Bouling.

jueves, 26 de octubre de 2017

EL MELONAR. CAPÍTULO UNO.

Había una vez en un pueblo un gran melonar, un melonar del que se cosechaban los más dulces melones de la comarca.
Era inmenso, grande, con sol, magnífica tierra, y mejor agua, envidiado por la mayoría de los cultivos colindantes.
Por aquel entonces, y después de una cruenta discusión, se lo quedó Paco en arrendamiento de por vida.
Estaba dividido en parcelas, unas más grandes y otras más pequeñas, pero la producción se vendía en conjunto y el precio se equiparaba a la media de la calidad de los melones que se producían.
Las parcelas eran sembradas, regadas, se le quitaban las malas hierbas, se recogía y demás labores, por capataces, cada uno en una parcela, y estos tenían personalmente su cuadrilla.
Había unas parcelas que delimitaban parte del territorio del melonar, y estás, tenían salida directa al camino por donde entraban y salían los tractores que surtían y recogían el producto de todo el melonar. Paco, influenciado por los antiguos arrendatarios, siguió y amplió los beneplácitos para esas parcelas; le cedió más cantidad de agua y más abono; las cuidaba mejor de las plagas, y por tanto, la producción era mayor y mejor que la de las demás.
Muchos peones de otras parcelas, dada la poca producción de las suyas por la dejadez del suelo, se trasladaron a las parcelas más prósperas para ganarse el pan, no tumbados a la bartola, sino trabajando duro, incluso propiciando que los que trabajaban ya en esas parcelas, vieran aliviadas sus labores al delegar esos trabajos en los que venían de fuera.
Cuando Paco murió, haciéndolo sin descendencia, el pueblo le concedió el arrendamiento a Juan Carlos, al que Paco había estado preparando para ello durante muchos años. Juan Carlos y sus apoderados sucesivos siguieron manteniendo el beneplácito a estas parcelas, muchos de los capataces y ayudantes de capataces hacían  desaparecer melones y más melones sin que nadie se diera o quisiera darse cuenta; y como todo lo que se hace mal, sin que ninguna persona denuncie, la producción de melones fue bajando; eso y la crisis producida por la plaga de los "pulgones constructores",  hicieron que casi la mayoría de las parcelas mermaran su producción, al producir menos, los beneficios fueron menores, y al no recortar los sueldos de los capataces ni los beneficios de los apoderados, la reducción de beneficios se cebó con los de siempre, los que doblaban el espinazo en cada carril del melonar.
Las parcelas más productivas, esas que fueron tratadas con privilegios que no tenían las demás, fueron paliando las pérdidas de otras desde la llegada de la plaga; mientras la producción general, si bien reducida, se hacía suficiente para que el melonar siguiera siendo rentable.
Juan Carlos, el arrendatario, ya mayor, cedió el puesto a su hijo Felipe, al que también había preparado para ello durante muchos años; este se hizo cargo del melonar junto con sus administradores y capataces; algunos, como antes relaté, fueron acusados y condenados de quedarse con melones de la finca, incluso algún familiar del mismo Felipe, aprovechaba su condición para llevarse también algún que otro melón.
Un día cualquiera, el capataz de una de las parcelas que conectaban directamente con el camino; decidió, arengar a los sub-capataces y a los obreros  diciendo: 
-¡Si construimos  una valla que nos separe de las demás parcelas, como nuestros melones son mejores que los de los demás, nuestro cupo será más grande ya que no tendremos que repartir los beneficios con los otros pobres desgraciados, que tienen peores melones, porque trabajan bastante menos que nosotros.
Mariano, administrador de Felipe tuvo que enviar a los guardas forestales a la parcela para que intentaran impedir la construcción de la valla; se lió parda; nadie quería melones de esa parcela, ¡Que se los coman con "papas" entre ellos mismos!, decían los parroquianos. Algunos intermediarios del comercio, decidieron cambiar el lugar de carga, dada la inseguridad de la parcela, y la producción se fue mermando paulatinamente, pero con rapidez, y ya algunos de los peones empezaron a estar molestos.
Los peones discutían encarecidamente con los de otras parcelas,  incluso con los de su misma familia, que quedaron relegados en sus parcelas de origen.
El capataz y los sub-capataces seguían en sus trece, dale que dale, sin ser conscientes de la debacle "melonar" que se avecinaba, el administrador decidió enviar a capataces de otras partes del melonar para que hicieran que esa parcela volviera a la normalidad.
De momento, así está la cosa...
Continuará...



jueves, 5 de octubre de 2017

ESPAÍN Y SU CARRIL BICI.


Érase que se era, hace mucho tiempo, un pueblecito pequeño al que llamaban Espaín; tenía algunas bicicletas, unas más grandes y otras más pequeñas. El alcalde, que por aquellos años era designado a dedo, por mucho tiempo, sin que nadie lo sustituyera, solo podía hacerlo el que lo nombraba. Este alcalde, no quería que las bicicletas circularan libremente por el pueblo, y obligaba transitar a los ciclistas a pie, abajo de la bicicleta; para pasear montados en ellas tenían que salir fuera de los límites de la localidad.
Había dos  que eran bastante díscolos, y para evitarse problemas, el alcalde decidió hablar con ellos en privado, proponiéndoles que si se dejaban de altercados y protestas les regalaría algunas ventajas...
Y así fue, durante mucho tiempo, a estos dos ciclistas, los municipales los dejaban pasearse por el pueblo a escondidas; el alcalde les regalaba bicicletas nuevas, mientras otros ciclistas se conformaban con unas más antiguas, y bastante deterioradas; claro, como no protestaban...
Pasaron los años, y estos dos ciclistas seguían con sus privilegios prestados, que con el transcurso del tiempo se fueron convirtiendo en derechos adquiridos.
Un día, el alcalde anciano murió, y el pueblo decidió elegir a un nuevo edil, esta vez por sufragio, democráticamente, aunque los votos de esos mismos dos ciclistas y su familia y amigos tuvieran más valor que los de los demás, gracias a una ley promulgada por un señor llamado D´Hondt, que no se qué coño pintaba en el pueblo de Espaín.
Pero bueno, así sucedió y así os lo estoy contando.
Avanzando en la historia de Espaín, llegó un momento en que había diecisiete bicicletas. Los conductores se reunieron un día con el alcalde recién nombrado; le pidieron insistentemente que cediera parte del terreno del pueblo para tener un carril bici en el que las diecisiete bicicletas tuvieran autonomía para circular. El edil, viendo que habían estado los ciclistas muy cohibidos durante mucho tiempo, decidió liberar fondos municipales para la construcción del carril.
La circulación en esa nueva vía era fluida, si bien dos de ellos, los de siempre, seguían queriendo tener más privilegios que los demás, y en poco tiempo empezaron de nuevo las reivindicaciones; y el alcalde, y los otros alcaldes que fueron viniendo cada cuatro años, compraban bicicletas nuevas para ellos, trajes de ciclista aerodinámicos, zapatillas especiales; y eso, daba lugar a que Euskatio y Catalino (que así se llamaban) siempre estuvieran por delante, dejaban detrás a los otros alegando:
- Es que pedalean poco, decían de los demás, por eso llegan después de nosotros; sin reconocer jamás que los medios que les concedían los alcaldes (quizá porque necesitaran los votos de los amigos de Euskatio y Catalino para poder acceder al poder) eran superiores a los de los demás y siempre partían con ventajas.
Pero un día de finales de verano de este año, Catalino, sin tener que ver nada con nadie, le espeta al alcalde que como hay amigos y simpatizantes que están de acuerdo en que él, con su bici, pueda circular por cualquier parte de la localidad,  a partir de ese seis de septiembre, circulará por el carril bici solo cuando le interese, pero el resto del tiempo se saldrá de ese camino unilateralmente, sin contar con el resto de los ciclistas; incluso se acercó a los pueblos colindantes que componían la comarca, para que los alcaldes presionaran al de Espaín y así conseguir lo que pretendía; no consiguió su objetivo.
El alcalde le advirtió, que una cosa era tener ventajas, y otra era salirse del carril bici por donde están obligados a circular por la ley que ellos mismos redactaron.
Y siguieron circulando por encima de la acera, cruzando los pasos de peatones, y el alcalde siguió advirtiendo,  y Catalino se negaba a circular por el carril, por donde paseaban todos los demás ciclistas, caso de que no le interesara hacerlo.
Había tres municipales en el pueblo, Mossés, Poli y Guardiano; Mossés era familia de Catalino, y a ese, precisamente a ese, el alcalde lo envió a impedir que Catalino circulara de esa forma; como era de esperar, Mossés solo advirtió tenuemente a Catalino de su errónea actitud, y éste siguió adelante con su reto a la alcaldía.
El edil, tuvo que acudir a Poli y Guardiano para que impidiera este atropello; y bueno... Cuando uno quiere y el otro no, el enfrentamiento es inevitable; amigos y familiares de Catalino tuvieron lesiones, Poli también, otros se hicieron fotos trampa para repartirlas por los pueblos de alrededor buscando apoyo a su causa.
Y Catalino, animado por sus amigos y familiares, ha declarado en la radio local, que a partir del lunes dejará definitivamente de circular por el carril bici, en contra de la opinión del resto del pueblo.
No se si Espaín seguirá teniendo diecisiete bicicletas, tampoco se si a  Euskatio y algunos más, se les vendrá a la cabeza circular a su libre albedrío también.
Lo cierto y verdad, es que si cada uno hace lo que quiere, sin respetar las normas establecidas, este pueblo sería como un partido de fútbol en el unos juegan con el pie y otros con las manos y nadie hace nada, ni el árbitro suspende el partido.
El futuro de Espaín será incierto si Catalino no se dirige al Ayuntamiento circulando por el carril bici, para solicitar que este sea: ampliado, asfaltado de nuevo, alargado o pintado con los colores amarillo y rojo en rayas finas; y por supuesto, que esas ventajas puedan ser utilizadas por todos los ciclistas del pueblo, el futuro será incierto.
Parafraseando a un gran comunicador...
Así lo he visto, y así os lo he contado.

miércoles, 11 de enero de 2017

LA CONSULTA.

Los escalones blancos de mármol, desgastados por el transcurso del tiempo y los pasos de los pacientes, recibían en su regazo las pisadas suaves pero decididas de los tacones de aguja de la dama vestida de negro que ya se acercaba al descansillo.
Con su delicado dedo pulsó el timbre de la consulta del doctor Cabrera. El silencio de la escalera se vio interrumpido por el ding-dong de detrás de la puerta blindada por la que se accedía a la consulta del afamado  psiquiatra.
Le abrió paso una enfermera dulce y muy guapa, de ojos verdes y sagaces….
-        Pase usted, señora, adelante, el doctor Cabrera la está esperando.
Muy elegante, fue avanzando por el pasillo, como si fuera flotando por entre las paredes hasta llegar al despacho del doctor.
-        ¡Buenos días! ¿Qué tal está? Encantado de saludarla – comentó el doctor.
Ella se quedó unos segundos analizando la composición de la sala: la lámpara baja que iluminaba la estancia desde la mesa del despacho; las pesadas cortinas burdeos que flanqueaban el balcón; la estantería repleta de libros y más libros, la mayoría con tratados o referencias a la psiquiatría o psicología; un cuadro enorme de Sigmund Freud y la lámpara de lágrimas que colgaba del techo.
-        Buenos días - saludó la señora con su dulce voz.
-        Tome asiento y relájese. Y, por favor, cuénteme qué la trae por mi consulta.
La señora se asentó en el confortable sillón de orejeras tapizado de cuero marrón que se ubicaba frente a la mesa de caoba, por la que el doctor asomaba su corpulenta  figura; y se puso cómoda antes de empezar a hablar.
Tomó aliento, como si estuviera en esos segundos haciendo examen en su memoria de todo lo que tenía que contar al psiquiatra en aquella mañana fría de invierno.
-        Usted dirá que le trae por aquí.- empezó el doctor- Yo estoy aquí para ayudarla en todo lo que pueda. Dígame ¿Qué le pasa?
-        Le diré la verdad.-empezó a contar con su voz suave- Yo personalmente no tengo ningún problema; más bien, los problemas se hacen latentes con mis amigos. Tengo muchos amigos; y mi relación con ellos es muy variopinta, pero siento una sensación de desasosiego por cómo me tratan, cómo se comportan conmigo, cómo reaccionan ante mi presencia y eso, doctor Cabrera, es lo que me preocupa. Me intranquiliza la diferente forma en la que me trata la misma persona, me inquietan los amigos que me reclaman para que esté con ellos si están mal y de la noche a la mañana me borran de su lista de amigos del Facebook. Ya recelo de los que un día me mandan cientos de wasaps, y al día siguiente ni siquiera me dan los buenos días. Estoy muy desorientada, doctor. No sé si es que no los trato bien, si es que no les doy lo que solicitan de mí, pero cada vez estoy más confusa.
-        ¿Tiene alguno fiel a usted?, ¿algún amigo o amiga que la salude todos los días?, ¿alguna persona con la que pueda compartir su tiempo?
-        Sí, -contestó apasionada la dama- claro que los hay, incluso existen  muchos que me aman en silencio y que son unos incondicionales míos; pero algunos de esos amigos, en algún momento, desaparecen de la circulación y no vuelvo a saber nada de ellos o de ellas; no sé dónde se esconden, pero desaparecen.
-        Continúe, señora  sugirió el doctor.
-        Pues como le iba diciendo, tengo la sensación de que algo no va bien.
-        Sea más concreta – inquirió el doctor.
-        Para muestra, un botón: hay un amigo que por motivos de la vida me lo encontré un día en la cafetería “las Torres”, la de la plaza, tomando café a mi lado, y después de un rato de observarnos mutuamente (me miraba como si le diera miedo o le infundiera mucho respeto), entablamos conversación. Empezó a contarme que su madre acababa de fallecer y no estaba bien, la había cuidado durante los dos años y medio que duró la enfermedad hasta el mismo día de su muerte. Yo intenté consolarle un poco dentro de mis posibilidades. El hombre no estaba bien, esa es la verdad; y yo, como tengo esta forma de ser, me dio pena. Me relató que tenía que acudir él también al médico porque había dejado pasar las citas una y otra vez; y, como le digo, me ofrecí a acompañarlo a la consulta. Hemos entablado una amistad sincera, cuando me necesita me llama por teléfono y contacta conmigo por las redes sociales y hablamos casi todos los días.
-        Y ¿cuál es el problema en este caso? - inquirió el doctor.
-        Pues que temo que pase lo que me pasa con todos con los que quieren que nuestra relación sea larga y duradera en el tiempo: que un día determinado se marchan y no vuelven a aparecer por ningún lado.
-        La verdad es que eso me está intrigando. ¡Continúe, por favor!
-        Hay otros amigos y amigas que solo me llaman cuando les conviene, cuando me necesitan, cuando son necesarias mis palabras para aclarar sus pensamientos o para descubrirles nuevos caminos. Éstos, después de que se les soluciona el problema, dejan de hablarme; en algunos casos, por mucho tiempo. Yo necesito amigos y amigas que estén conmigo, que me propongan cosas para hacer en común, para que me reciban en su casa y me den de vez en cuando un café, y ¿por qué no? Si se hace tarde, dormir con ellos o con ellas si se tercia.
-        Entonces, señora, usted busca la compañía de estas personas porque se siente sola ¿no?
-        En cierto modo, sí. No me gusta estar sola; mejor dicho, no puedo estar sola, necesito contar con alguien siempre a mi lado que me dé compañía, que converse conmigo, que me cuente sus penas (me gusta ser paño de lágrimas), que duerma conmigo, que me abrace, que sienta mi presencia; en suma, que esté siempre junto a mí. Hay otros a los que les aterra hasta que me acerque a ellos. Tan fea no soy, ¿verdad? pues les da pánico tenerme al lado. Si por un casual coincidimos en una reunión, en una salida, en un bar, se retiran raudos de mi lado y van a buscar la compañía de otros u otras amigas, dejándome abandonada en un rincón.
Por eso le digo: yo no me comporto diferente con nadie, actúo igual con todos los que se acercan a mí o con todos a los que conozco. Jamás he tratado a nadie de un modo diferente a otra persona.
-        Usted debe comprender que cada persona tiene una química diferente. -continuó el doctor- No puede caerle bien a todo el mundo, ni mal tampoco, por supuesto. Le puede gustar más a unas personas que a otras. Unos querrán estar más con usted y otros menos; esto es ley de vida. Lo comprende, ¿no?.
-        Yo le entiendo perfectamente, pero yo necesito tener muchos amigos, sentirme valorada, necesito… –más le diría yo- agobiarme con las llamadas y visitas de todos, quiero ser continuamente molestada, quiero que me pidan constantemente consejo, que reflexionen conmigo, que se peguen a mí durante las veinticuatro horas del día, necesito…
-        ¡Un momento, por favor! -espetó el doctor- Tranquilícese, señora.
Se había puesto un poco nerviosa, y había perdido la serenidad que le había caracterizado desde que entró en la consulta. Las manos empezaron a humedecérsele por el nerviosismo que había empezado a sentir. El doctor se dio rápidamente cuenta de ello y le habló con voz pausada…
-        Tranquilícese, se lo ruego señora. Solo hay una cosa en esta vida que no tiene solución. El resto, todo es factible de cambio, y, por lo que estoy escuchando, la base de su preocupación es compartida, parte de la responsabilidad es de usted y parte de los que se le acercan.
Creo en primer lugar que usted, a las personas que se le acerquen, desde primera hora les debería desvelar su personalidad, confesarles cómo es usted, a qué se dedica, qué espera de cada uno de ellas y de ellos, y el que se quiera quedar que se quede, así evitará huidas despavoridas y desapariciones bruscas. Durante la relación con sus amistades debe tomar conciencia de no ser agobiante, de no querer acaparar el tiempo de los demás todo para usted. En cierto modo conseguirá más conocidos, aunque tenga que repartir menos tiempo con cada uno. Tomar la determinación de no obligar a nadie con su compañía, conocer quién quiere y quién no quiere acompañarla, quién la necesita y quién no, y, por supuesto, aprender definitivamente que una relación no tiene por qué ser para toda la vida. En siguientes días le pondré pautas de comportamiento para que pueda hacer frente a estos cambios que le propongo, y espero que le vayan bien a sus necesidades.
-        ¿Me enseñarán estos cambios de actitud a afrontar la vida de distinta forma? Ya le he dicho anteriormente que no quiero estar sola, que necesito estar rodeada de mucha gente.
-        Los cambios de la personalidad son difíciles, pero los cambios de actitud ante los avatares de la vida sumados a la personalidad de cada uno sí son factibles. Lo primero que debe aceptar, y es la tarea para esta primera semana, es que no puede obligar a nadie a estar con usted, no puede imponer su amistad o compañía a ninguna persona sin su petición o consentimiento, ni tampoco puede acaparar todas las horas del día de nadie. Si no, no podrá evitar que desaparezcan, ¿entendido? (
La dama se mesó los cabellos y reclinó su cabeza dulcemente sobre la orejera izquierda del sillón. Tras la excitación de hacía un momento, ya había vuelto a la serenidad con la que había hecho acto de presencia en la consulta.
El doctor se encasquetó las gafas para escribir en la ficha del ordenador las conclusiones de la primera visita, mientras ella mantenía los ojos cerrados en el olvido.
Cuando concluyó sus anotaciones, comentó:
-        Está bien. Verá cómo consigue lo que le he propuesto y recuerde… Nadie necesita de su compañía. Caso de que sí, que la busque; pero usted evite buscar a nadie. ¿Entendido?
Ella irguió su figura abriendo sus bellos ojos negros y miró al doctor a los suyos; lo miró con esa calidez profunda con la que ella conquistaba a los hombres, y a las mujeres, y un escalofrío recorrió la espina dorsal del psiquiatra.
Una sensación negativa y a la vez acogedora le había invadido con esa mirada, una sensación que algunas veces había sentido, pero que no podía determinar.
Se levantó como si le impulsara un resorte y alargó su mano para que su paciente se incorporara del asiento.
También el tacto le resultó familiar, y le invadió de nuevo esa sensación de inseguridad, nostalgia y un poco de miedo.
-        Encantando de conocerla, espero verla por aquí el próximo lunes por la mañana.
-        Igualmente, doctor Cabrera. Gracias por su amabilidad, y le garantizo que pondré en práctica todos sus consejos.
-        Le acompaño a la salida.
El doctor, le abrió la puerta de la consulta y la invitó a salir y se despidió de ella diciendo:
-        Por favor deje sus datos a la enfermera para que le anote la cita de la próxima semana, buenos días.
-        Buenos días y hasta el lunes.- respondió la dama.
Siguió adelante por el pasillo hasta que se encontró de frente con una mesita alta donde la enfermera tomaba notas y cogía el teléfono.
-        ¿Qué tal le ha ido, señora?
-        Bien, estoy satisfecha; por cierto, me ha dicho que me dé cita para el lunes que viene.
-        Cómo no, ahora mismo -contestó la enfermera.
-        ¿Su nombre?
-        Mi nombre es Soledad, querida.


                           © José Manuel Bou. Febrero 2015.








martes, 1 de septiembre de 2015

LA FÁBULA DE LA VACA.

Había una vez un granjero que se apellidaba “Paíx”, tenía una vaca muy bonita, tan bonita que todos los demás granjeros de la región estaban enamorados de ella. Estaba bien criada, rolliza, mucha yerba para comer, sol, agua, todo estaba a su favor. La vaca se llamaba “Apáña”. Esta vaca tenía dos terneritos a los que estaba amamantando con sus enormes ubres.
Las ubres estaban repletas de leche y eso se notaba en los terneros; si bien “Tico” era mucho más hambrón que “Dano”, había leche suficiente para ambos y sobraba para alimentar a una ternerilla sin madre (que murió ahogada en la alberca) y a la que bautizaron como “Grante”.
La vida marchaba feliz en la granja ya que “Paíx” no tenía problemas, y todos estaban contentos.
Pero ese verano vino con los cables cruzados, un sol aterrador y poca agua; el pasto se secó rápidamente, y el agua del riachuelo se evaporó a gran velocidad ya que el desmorone de una construcción impedía el paso del agua desde el río principal.
Las cosas empezaron a ir mal, “Apáña” tenía menos comida y menos agua y por tanto su producción de leche empezó a disminuir.  “Tico” no perdonaba su ración doble, “Dano” tampoco perdonaba la suya y la que sufrió las consecuencias fue “Grante”. Cada vez quedaba menos leche para ella, no había pasto (si nó hubiera podido comer de él) y se llevaba el día vagando por el campo, de granja en granja buscando algo que comer; hasta que los otros granjeros cercaron sus fincas con vallas impidiendo el paso de “Grante” para que por lo menos pudiera alimentarse.
“Paíx” ya no tenía leche que vender para comprar un poco de pienso para “Apáña”, ésta se alimentaba del poco pasto y de la poca yerba que crecía a la sombra de los pocos árboles que iban quedando con hojas en la granja, y claro, cada vez había menos leche.
“Tico” seguía engullendo su ración sin tener que ver nada con nadie, en este caso ni su hermano de camada le importaba un pimiento; él a lo suyo. “Dano” empezó a notar que la leche se acababa más pronto que antes y que su ración empezó a ser menor, “Grante” desapareció camino de otros sitios en los que pudiera habilitarse un poco de comida, sucumbió lamentablemente atropellada por un camión al intentar cruzar la autovía para entrar en la gran ciudad.
“Apáña” cada vez estaba más delgada, “Tico” seguía y seguía degustando su ración de leche sin ninguna restricción  y quien sufría las consecuencias – como siempre-, era “Dano” ,para el que la ración era cada vez más reducida.
Cada día “Tico” estaba más fuerte que “Dano” (se alimentaba mejor) y lo cohibía más, le obligaba a lamerlo para limpiarle la mierda,  si no, no le daba opción casi ni de acercarse a la ubre de “Apáña”.
Mientras “Paíx” pasó en poco tiempo, de ser un granjero modelo, a estar mal mirado por sus vecinos y dado el cariz que estaba tomando su granja empezaron a ayudarlo con el grano que les sobraba y “Paíx” no se percataba que poco a poco los granjeros de alrededor terminarían quitándoselo todo, incluso a “Apáña”.
El grano no era suficiente y nuestra protagonista seguía debilitándose y mientras “Tico” seguía sin ningún problema, “Dano”, que ya padecía desnutrición, empezó a enfermar, cada día estaba más débil y viendo (ya era más mayor) que cada vez estaba peor; una noche se armó de valor y echó a andar carretera adelante, sin saber a dónde llegaría y abandonó para siempre a “Paíx” y a su madre “Apáña”.
Eso a “Tico” le vino genial, ¡Toda la teta para él!, disfrutaba todos los días ingiriendo toda la leche que producía su madre, “Paíx” estaba metido en una espiral sin retorno y “Apáña” iba de mal en peor. Cada vez producía menos leche y sus reservas eran cada vez menores, se estaba quedando enclenque y macilenta; casi no se podía tener en pie pero “Tico” no perdonaba ni una sola toma.
Pasaron los días y “Tico” se quedó sin teta, sin madre, sin “Apáña” y sin Paíx”, y ya se imaginarán que le pasó a “Tico”, solo, gordito y bien criado, en medio de una granja con los lobos que siempre estaban rondando y que “Paíx” mantenía alejados, al no estar éste ya...
Pues eso.
Moraleja. ¡La avaricia siempre rompe el saco!.
Todo parecido con la realidad es pura coincidencia.

Foto de mi amiga Juani Mora.




lunes, 23 de febrero de 2015

SOLO UN MINUTO.

No sé lo que me ha pasado, hace un momento conducía distraídamente camino de casa después de un estresante día de trabajo; un día estresante como casi todos los días de la semana. Sonó el teléfono móvil y sólo hice el intento de cogerlo, mas de repente perdí el control del vehículo y en un instante vi las farolas  de la autovía del revés, cerré los ojos como acto reflejo para evitar daños, sentí un dolor intenso en mi cadera derecha y también en el pecho y un golpe importante en mi cabeza.
No puedo concretar cómo fue, pero fue….
De repente, desapareció el dolor y pase volando a través de un túnel oscuro y profundo,  al que me cedió el paso una señora vestida de  negro;  tardé un buen rato en salir; durante ese período de tiempo estuve viendo una serie de escenas (como si estuviera en el cine) de mi propia vida, sentí vergüenza en algunos momentos, orgullo en otros e incomprensión en la mayoría de ellos; la luz se hizo al final y salí del túnel. Me encontré revoloteando por encima de las cabezas que se agolpaban alrededor de mi coche destrozado, incluso por encima de la mía, que estaba mirando hacia el cielo con los ojos abiertos recibiendo un beso de vida de un señor que me insuflaba aliento.
Distinguí a lo lejos que llegaba mi padre…
-¿Mi padre, si hace más de veinte años que murió?
-¿De dónde ha salido?
No tardó en explicármelo:
-Hola hijo, ¿cómo estás? Como verás vengo a recibirte a este el “otro mundo”, ahora vendrán los abuelos y tus amigos que ya pasaron a esta parte.

 Me daba cuenta que mi padre, mi compadre Juanjo, mi amigo Guillermo, mis abuelos y los que llegaron después eran diferentes a las personas normales, los conocía perfectamente pero no los podía ni tocar ni relacionarlos con su cuerpo terrenal, pero lo que más me impresionó fue que yo me encontraba en la misma situación; sabía que era yo, que estaba allí pero me veía abajo en la carretera rodeado de gente; ¿Qué estaba pasando?
Mi padre siguió hablando:
-Has pasado a otro nivel en tu existencia, estás abandonando tu vida terrenal y te estás adentrando en otra dimensión; si vienes con nosotros  pasarás la línea que delimita la tierra y la eternidad, traspasarás la raya que delimita el encorsetado y limitado mundo en el que has vivido hasta ahora y te adentraras en un nuevo mundo infinito, lleno de paz, de beneficios, sin odio, sin problemas, sin dolor, en suma felicidad infinita.
- Si vienes con nosotros dejarás para siempre tu actual existencia, a tu pareja a tus hijos y a tus amigos hasta que vengan aquí contigo, si regresas por el túnel despertarás abajo, en tu vida actual y habrá que esperar a otra ocasión para cruzar esta línea. 



Estaba en una encrucijada, por un lado la situación en la que me encontraba era de placer infinito, no me dolía nada, no sufría por nada; por otro lado, quería volver, me resistía a dejar de ver crecer a mis hijos, a conocer a mis nietos,  me resistía a no poder envejecer junto a mi pareja, también había un problema añadido, ¿tendría cuerpo donde vivir?, por lo que veía desde arriba, los que me rodeaban abajo lo estaban intentando con todas sus fuerzas…
Decidí volver, no se cómo ocurrió pero di marcha atrás, me despedí de mi padre con una hasta luego (de eso era de lo que más seguro estaba, que sería hasta luego) y me tiré de cabeza al túnel oscuro del que salí.
La cabeza me daba vueltas, progresivamente fui sintiendo dolor en todo mi cuerpo, oía voces susurrando a lo lejos…
-Parece que ha vuelto en si.
-Tranquilo que ya llega la ambulancia.
El dolor era insoportable abrí los ojos y contemplé el rostro de la persona que me había insuflado aliento.
-No hagas ningún tipo de movimiento, estate tranquilo, has estado casi un minuto con el conocimiento perdido, en seguida viene la ayuda.
Sentí las sirenas a lo lejos, pronto se personaron los hombres y mujeres con los chalecos reflectantes, me pusieron una mascarilla, me tomaron una vía intravenosa, y me subieron a una camilla.
No tuve que estar mucho tiempo para recuperarme físicamente de ese accidente, tuve suerte y pronto estuve en casa, pero la recuperación psicológica…eso es otra historia.
Cuando me acostaba por las noches, mi cabeza no paraba de dar vueltas y vueltas a aquel minuto de mi vida, de nuevo pasaban por mi mente las escenas por las que sentía vergüenza, por las que sentía indiferencia,  no podía apartarlas de mi conocimiento.
La única forma que hallé para vivir en paz, fue cambiar mi vida como una vuelta de hoja; lo que antes era superimportante, ahora era insignificante; y lo que antes parecía cotidiano y común, ahora se había convertido en superespecial; lo que antes parecía imposible de realizar, ahora me daba cuenta que era posible.
Fueron pasando los días y comprendí que la mejor forma de no pasarlo mal cuando me volviera a enfrentar a la película de mi vida, era aplicando al revés la ley del Talión, esa que dice “ojo por ojo y diente por diente”:
¡No hagas al de enfrente, lo que no quieras que te hagan a ti!
Conviértete en un espejo que refleje los sentimientos de los demás y refleja en ellos la realidad de la existencia.

Entendí que lo material, lo inerte, se queda en este mundo, absolutamente todo; incluso esa máquina perfecta que es el cuerpo en el que pasas tu existencia.

Y por último comprendí que un segundo, la decisión de otra persona o simplemente el devenir de tu existencia, puede cambiar el destino de tu vida e incluso el destino de tu muerte, por lo que…. como no sé cuándo voy a tomarme de nuevo “café” con esa negra señora; voy a procurar que mi casa esté ordenada por dentro y por fuera no debiéndole nada a nadie, e intentaré disfrutar la vida junto a mi cuerpo al minuto.

LA NOCHE DE LAS TUMBAS ANTROPOMORFAS.

A Luís se le hizo muy tarde, él dedicaba sus horas de trabajo a visitar salones de belleza por la zona del Campo de Gibraltar.
Había tenido que esperar mucho tiempo a que la empresaria de su última visita, terminara de atender a su postrera clienta, una larga espera que no había sido para nada fructífera, más bien le había costado el dinero la invitación a café.
Eso hizo que Luís volviera de regreso a casa ya de noche cerrada, tan cerrada  que la luna y las estrellas se habían escondido, como si se las hubiera tragado la niebla, y de frente sólo atisbaba una densa cortina blanca que el Renault Fluence de Luís  iba cortando forzadamente por el camino de vuelta.
La ruta era sinuosa y estrecha, por ella se accede a la carretera nacional que le llevaría a su residencia en Algeciras.
Ese largo y sinuoso camino estaba bastante mal señalizado, sobre todo a la altura de la meseta de las tumbas antropomorfas.
Él sabía que estaba pasando cerca de las tumbas, y aunque no podía verlas tras la cortina de la blanca nebulosa, se las imaginaba allí yacentes, impertérritas, milenarias.
Los grandes molinos blancos de viento que estaban sembrados en la colina del viento, más adelante, parecían fantasmas que movían los brazos advirtiendo a Luís un no se qué........movían los bazos furiosamente, como queriéndose quitar de encima la pesada losa blanca que se cernía sobre sus cabezas.
Nuestro protagonista conocía bastante bien la zona, pero la luz de los faros se reflejaba demasiado cerca, en la nube de niebla blanca que engullía el coche a cada metro, y que no dejaba a Luís ver más allá de un palmo: el cristal del auto empañado por el vaho y el calor interno del habitáculo, tampoco ayudaban mucho a la visión.
Un poco más adelante del yacimiento de las tumbas antropomorfas, y en una curva cerrada, la rueda delantera derecha del coche cayó a la gavia que bordea el arcén y que sirve para que el agua de la meseta baje bordeando las carreteras hasta el mar.
- ¡MALDITA SEA!
 Espetó Luís.
-¡CÓMO ES POSIBLE?
Si el día había ido mal, Luis no tenía ni idea de los que le esperaba, todavía no había empezado ni por asomo lo peor, y si no.......
Intentó desesperadamente de sacar el vehículo marcha atrás, para ver si podía salir del agujero, pero le resultó imposible.
Para colmo, empezó a llover; una tormenta con aparato eléctrico, que casi disipó la niebla, y sembró una bruma fría, acompañada de grandes avalanchas de agua.
El cielo lloraba abundantemente y cada vez la climatología hace presagiar cosas peores conforme iba pasando el tiempo.
Luís, bajó del coche para ver cómo estaba la rueda y mirar si tenía más daños; pero no recordó que tenía la mala costumbre de llevar el móvil en el bolsillo superior de la chaqueta - cosa común en muchos hombres- por lo que su única posible conexión con cualquier tipo de ayuda, se esfumó navegando por la corriente de la gavia camino de la carretera nacional.
Hasta donde estaba, llegaban lastimeros los aullidos y ladridos de los perros que andaban sueltos por entre el grupo de casas que preside la colina de las tumbas, reclamando algo que Luís no llegaba a comprender.
La situación estaba cada vez más difícil; el llanto del cielo estaba calándolo, y ni su coche,  ni su móvil podían hacer nada para ayudarlo.
Se le pasó por la mente esperar dentro del auto a que algún alma errante pasara por allí, cosa que se le antojaba bastante improbable, pero ya estaba lo suficientemente mojado para decidir no quedarse dentro; tomó la determinación de echar a andar carretera abajo para ver si podía encontrar a alguien que lo ayudara; y la noche, la oscura noche seguía de mal en peor.
- ¿QUÉ MÁS VA A PASAR?
Suspiraba mirando al cielo.
Noche negra y brumosa; lluvia incesante y relámpagos como única luz en la tenebrosa oscuridad; esos relámpagos hacían aparecer siluetas, a lo lejos, de los molinos de viento modernos, que se asemejan a gigantes con los brazos abiertos; y los perros..... y los perros que seguían ululando a lo lejos como si de lobos se tratase.
- NO HAY MÁS REMEDIO.
Se dijo Luís; se subió el cuello de la chaqueta, se arropó como pudo, y empezó a caminar por la tierra del borde de la carretera.
Los relámpagos seguían acercando cada vez más los molinos de viento a los llorosas gafas de Luís, y los malditos perros, parecían como si se acercaran cada vez más.
Caminaba lentamente, mirando a sus espaldas y al frente, buscando desesperadamente ayuda; pero sólo encontraba respuesta de los truenos lejanos de la tormenta, que poco a poco también lo abandonaba.
Pasó muy poco tiempo y ya tenía los pies tumefactos del frío y del agua; los zapatos eran de llamados “de vestir”, y le protegían más bien poco de la humedad y lo gélido del ambiente.
Una de las veces que volvió la mirada hacia atrás esperando ver a los perros, cuyos ladridos cada vez se acercaban más, divisó una luz blanca que se acercaba muy despacio, como flotando por encima del asfalto; no eran faros de un coche, más bien parecía una pequeña caravana con las luces de dentro encendidas pero sin ningún vehículo que tirara de ella, lo que se dirigía hacia él.
Por su cabeza pasaron en un segundo mil cosas, no podía apartar la mirada de esa luz que sigilosamente lo abordaba, en silencio, muy despacio.
Decidió esperar a ver qué pasaba, pero en ese momento los perros dejaron de ladrar, la lluvia se esfumó y los relámpagos se perdieron en la lejanía, sólo quedó la bruma, otra vez esa espesa bruma.....
Cuando Luís pudo ver a través de la niebla qué se acercaba, cuando pudo sentir lo que se le aproximaba, no pudo dar crédito.
- JODER, ¡QUÉ MÁS VA A PASAR ESTA NOCHE?
Un autobús llegaba en silencio, rodando despacio y se acercaba a donde Luís lo miraba anonadado; no sonaban motores, no lucían faros, sólo las luces fluorescentes de emergencia del techo del bus subsistían, iluminando la noche.
Un escalofrío le recorrió el cuerpo, estaba calado hasta los huesos, tenía frío, los pies mojados, y además ahora, había empezado a sentir miedo.
Por su mente pasaron cientos de escenas de películas de terror, a las que era muy aficionado, el autobús se acercaba cada vez más y las puertas abiertas del mismo le incitaban a subir.
Con las gafas empapadas por el agua, asomó la cabeza dentro del autobús y no vio a nadie, ni conductor, ni pasajeros, ni nadie; sólo la luz tenue que emitía el letrero de SALIDA DE EMERGENCIA, y eso es lo que tenía que haber hecho, salir de emergencia....
Estaba nervioso, indeciso, porque el frio y el miedo le atenazaban las articulaciones y los pensamientos, pero estaba tan cerca la entrada para un cobijo que no tenía más remedio que tomar una decisión.
- SI NO ME CONVIENE, SALTO, ME BAJO Y LO DEJO SEGUIR.
Se dijo, y saltó como pudo al pescante del bus y subiendo los escalones se adentró por el pasillo débilmente iluminado.
Los acogedores asientos de alto respaldo lo invitaban a sentarse, estaba muy cansado, pero el miedo podía al cansancio; se adentró hasta la cocina, pero siguió sin ver a nadie; cada minuto que pasaba, le aterraba más el hecho de que un autobús anduviera en solitario por una carretera local, despacio y en silencio.
Paseó nervioso desde la cocina hasta el metacrilato que delimita el espacio del conductor, pero no había nadie; pudo observar que el volante se balanceaba de derecha a izquierda... pero sin una mano que lo impulsara.
Creía ver entrar a los perros por las puertas abiertas, imaginaba asesinos que estaban escondidos tras los asientos para apuñalarlo, y ¿por qué no? extraterrestres que lo abducirían hacia su nave espacial; ciertamente creía ver todas esas cosas que no existen en realidad , pero que se suelen ver siempre que el miedo se instala en nuestro cerebro.
Pero....... el cansancio y el frío pudieron más que el miedo.......
Sin pensarlo más, se despojó de la chaqueta pesada y húmeda, y se dejó caer en uno de los asientos azul oscuro de alto respaldo en el centro del autobús.
Escuchaba ruidos demasiado extraños, parecía como si presos arrastraran sus pies por la grava con los tobillos abrazados por pesados grilletes; oía respiraciones agitadas, y algún que otro grito ahogado y lastimero; también oía el silencio, un silencio que se había instalado en sus sentidos; ya desaparecieron los truenos, los ladridos, el viento, el ruido que hacen al caer las gotas de lluvia, y eso le producía más miedo; seguía teniendo miedo.... mucho miedo; mas sobre su cabeza cayó como una pesada losa el cansancio y sólo le dio tiempo a cerrar sus ojos y abandonarse a su suerte.....
-QUE SEA LO QUE DIOS QUIERA QUE SEA....
Y se quedó dormido.
El sueño, fue lo suficientemente oscuro para nublar el alma de Luis, que intentaba acomodarse bien en el asiento del autobús acurrucándose para poder entrar en calor, necesitaba el calor, secarse, dormir un poco y que su miedo se esfumara.
En un corto sueño, la dama negra, la señora muerte con su túnica y capucha oscura y su guadaña, entraba despacio y en silencio por la puerta trasera del autobús.
No sabía cómo había podido entrar, ya que la puerta debería estar cerrada, pero lo cierto y verdad, es que se adentró en el bus.
Se acercaba lentamente hacia el asiento donde Luís soñaba despierto, o se despertaba soñando.....
El halo de frío que la envolvía hizo sentir a Luis un repelús de frío que lo sacudió en su asiento, mientras que una huesuda y fría mano iba a plantarse agresiva sobre el hombro izquierdo de nuestro protagonista.
Cuando Luís sintió la humedad fría de los dedos huesudos sobre su hombro, despertó súbitamente del duermevela en el que se encontraba y gritó suplicando...
-¡NO, POR FAVOR, NO ME LLEVE!, ¡NO ME HAGA DAÑO!; YO SÓLO QUERÍA COBIJARME DE ESTA MALDITA NOCHE, SE LO SUPLICO, NO ME HAGA DAÑO POR FAVOR.
Gritó Luis despavoridamente abriendo los ojos de par en par y quedándose perplejo por lo que contemplaban.
-¿COBIJARME?, ¿DAÑO?
¡QUÉ COÑO! , TÚ A EMPUJAR COMO TODO EL  MUNDO, ¡COJONES!, QUE HACE MÁS DE DOS HORAS QUE NOS HEMOS QUEDADO SIN GAS OIL.
Estas fueron las últimas palabras que escuchó Luis antes de que le diera un ataque de nervios.
FIN.